La Salvación

Necesidad de Salvación del hombre

 

Separado de Dios

Al pecar Adán y Eva fueron expulsados, en su condición de rebelión y desobediencia, de la santa presencia de Dios, la relación con El se rompió. Por sus propios esfuerzos y habilidades no pudieron cambiar esta condición o su propia naturaleza de rebeldía, la cual obtuvieron por el inicuo ejercicio de su libre voluntad. Todos los que descienden de Adán y Eva -la raza humana- comparten la misma naturaleza.

Referencias: Jeremías 17:9; Romanos 3:23; Génesis 3; Salmo 14:1-3; Isaías 1:5-6; Romanos 3:9-19; 5:12-21; Efesios 2:1-5.

Qué es el pecado?

Las definiciones en Hebreo y griego de la palabra pecado incluyen: fracaso, transgresión, perversión, disposición al mal, impiedad, fallar el blanco, iniquidad, desprecio y violación de la ley, depravación, lujuria. El pecado es la condición del hombre separado de Dios. Los pecados son el resultado o fruto de su naturaleza pecadora. Algunos de los pecados que la Biblia menciona son: inmoralidad, impureza, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, rivalidad, celos, explosiones de ira, pleitos, disensiones, envidias, borracheras, huelgas, codicia, malicia, asesinato, engaño, chisme, calumnia, orgullo, desobediencia a los padres, etc. El pecado trae con él enfermedad y por último la muerte, tanto física como espiritual.

Referencias: Romanos 1:20-32; 6:23; Gálatas 5:19-21; Efesios 5:3-6; Colosenses 3:5-6; 2 Timoteo 3:2-5; Apocalipsis 21:8; Santiago 1:14-15.

Atraídos por el Padre

El hombre no puede liberarse a sí mismo de su condición pecadora –debe ser salvado. Pero él ni

siquiera tiene la sabiduría de acercarse a Dios para recibir perdón. Sin la misericordia y la ayuda de Dios la única esperanza del hombre es la de pasar la eternidad alejado de El. Pero Dios, en Su amor el hombre puede ser salvado de los últimos efectos del pecado.

Referencias: Juan 6:44-65; Efesios 2:8-9; Romanos 4:16.

 

El amor de Dios por el hombre

 

Dios envió a Su Hijo

Aquello que el hombre siembra, eso cosechará. A consecuencia de esta ley el hombre está condenado a las últimas consecuencias de su naturaleza pecadora –la eterna separación de Dios. Pero Dios intervino con una ley aún mayor – amor. En lugar de la destrucción del género humano, Dios decide salvarlo enviando a Su Hijo al mundo para que lleve por el hombre el castigo del pecado.

Referencias: Romanos 6:23; Juan 3:16; Isaías 53; Juan 1:29; Romanos 3:25 y 5:8.

Cristo: el perfecto sacrificio

La justicia tenía que reemplazar la condición culpable del hombre a fin de poderlo liberar del pecado y sus últimos efectos. Jesucristo voluntariamente abrazó la culpa humana, ofreciendo al hombre su propia justicia. Cristo fue el sacrificio perfecto porque fue concebido por el Espíritu Santo naciendo de una virgen, vivió una vida sin pecado, cumplió los requerimientos de la ley, manifestó el milagroso poder de Dios, resucitó de los muertos, y – lo más importante- era Dios en forma humana.

Referencias: 1 Pedro 2:22; Juan 1:1; Juan 1:14; Isaías 53:4-5; 1 Pedro 1:19; Hebreos 9:13-14; Lucas 1:34-35; Hebreos 4:15; 1 Timoteo 3:16.

Redención de la sangre

En el pacto de Dios con el pueblo hebreo, El estableció un sistema de sacrificios de sangre por medio del cual la gente podía hacer expiación por sus pecados. Por ser la paga del pecado la muerte todo pecador tenía que, en alguna manera, pagar por su pecado, él podía, él podía, por fe en Dios, transferir sus pecados al sacrificio de un animal, esto es derramando sangre inocente para pagar la deuda. Pero los sacrificios animales no agradaban a Dios ni limpiaban la conciencia del pecador. Dios quería obediencia, fe, y un corazón limpio. Jesucristo, quien fue el perfecto sacrificio por los pecados del hombre, derramó s sangre para limpiar la conciencia del hombre. Aquellos que por fe en Jesucristo reciben perdón por sus pecados son aceptables delante de Dios. La Cena de Señor es un importante sacramento cristiano que celebra el nuevo pacto de Dios, un pacto sellado con sangre.

Referencias: Efesios 1:7; Hebreos 10:12; Levíticos 17:11; Levíticos 16; Salmo 51; Hebreos 9:10; 1 Corintios 10:23-26; Colosenses 1:14; 2 Pedro 1:19; 1 Juan 2:1-2.

La Gran Promesa de Dios

El amor de Dios es tan grande que no sólo dio Su propia vida para redimir al hombre del pecado, sino que promete para quienes le obedecen y creen en Jesús el don del Espíritu Santo. El bautiza a Sus hijos en el Espíritu Santo, y por medio de El vive en sus corazones. El Espíritu Santo morando en el creyente es el sello del pacto de Dios, el pago inicial de una gloriosa herencia reservada en los cielos.

Referencias: Juan 7:38-39; Efesios 1.13b-14; Juan 14:15-18 y 14:26; Juan 15:26; Juan 16:7-15; Juan 16:20-22; Hechos 1:4-5 y 1:8; Efesios 4:30