La imagen del cristianismo

Lamentablemente, el plan de Dios y la ejecución que el hombre ha hecho del plan con frecuencia no son lo mismo. Una de las principales razones por las que yo evité el cristianismo durante años fue cómo lo representaban. Yo, al igual que muchos otros, veía a hombres de Dios como críticos muy celosos de la Biblia que estaban listos para juzgar los errores de los demás. O eran pasivos, tímidos e ignorantes. La idea de que los cristianos eran pioneros que vivían y pensaban fuera del molde, comportándose de maneras extraordinarias, nunca me pasó por la mente. ¿Y la idea de las mujeres cristianas? Bueno, era aún peor. Yo percibía que ellas no tenían ni voz ni voto en los asuntos importantes, que se vestían pasadas de moda y que descuidaban su aspecto físico. Se desaprobaba que una mujer piadosa se aventurase más allá de sus obligaciones domésticas y, sin duda alguna, no se oía nada sobre que ella liderase de ninguna manera. Siendo yo joven, no quería que a mi esposa se le prohibiera pensar y se le limitase a la hora de unirse a mí en las aventuras de la vida. Yo no quería una mujer que estuviese reprimida; ¡quería una que estuviese llena de vida!

Yo veía el cristianismo como algo sin vida. Convertirme en un creyente significaría perder mi individualidad y renunciar a la creatividad, la excelencia, la pasión, y la capacidad de tener éxito en los negocios, los deportes, la política, la educación y otros ámbitos de la vida. Yo no lo sabía entonces, pero mis puntos de vista eran lo contrario al modo en que Dios nos creó para que viviésemos, porque Él es quien sopló en nosotros el deseo por lo extraordinario. Escuche a Dios mismo:

Y dijo: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes, y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo». Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó, y los bendijo con estas palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla». (Génesis 1:26-28, NVI)

Fuimos creados para reflejar la naturaleza de Dios, Él habló tanto al hombre como a la mujer, diciendo: “Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla”. Adán, el primer hombre, puso nombre a todas las especies de animales en la tierra (estoy seguro de que su esposa habría participado, ¡pero ella no había sido creada aún!). Dios llevó a los animales ante Adán y le dio la responsabilidad de ponerles nombre. Hay más de un millón de especies de animales en la tierra. Adán no sólo tenía la creatividad para ponerles nombres a todos, sino también la capacidad de recordar a cada uno. ¡Eso sí fue un hombre extraordinario realizando una estupenda hazaña!

Puede que usted se pregunte: “Pero desde que Adán cayó, ¿no se perdieron esas capacidades debido a su desobediencia?”. No, Jesús dio la vuelta al desastre que Adán creó para la humanidad. Pablo escribió: “Por tanto, así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos” (Romanos 5:18, NVI). La palabra vida no describe meramente el modo en que viviremos en el cielo; también significa el “aquí y ahora”. Jesús no sólo recuperó lo que Adán perdió, sino que también proporcionó mucho más: ¡el potencial de una vida extraordinaria!

La verdad es: Dios no sólo desea que usted viva extraordinariamente, sino que también le ha equipado para hacerlo. Nunca olvide estas palabras. Inscríbalas en la tabla de su corazón. Una vida estupenda, increíble y extraordinaria no está restringida a ciertos individuos o profesiones. No importa quién sea usted o cómo sirva en la vida. Si es usted maestro de escuela, una persona de negocios, un líder del gobierno, una mamá que no trabaja fuera de casa, un deportista, un obrero en una fábrica, una peluquera, un estudiante, un pastor (la lista es interminable), eso no importa, porque usted fue creado para lograr éxitos extraordinarios en ese papel. El poder para realizar estupendas hazañas y vivir una vida excepcional no está unido a una ocupación sino a una disposición del corazón. Esto no sólo es voluntad de Dios sino también un gran placer para Él.

Hollywood, las personas religiosas y nuestra cultura habían pintado para mí una imagen pervertida y limitada del pueblo de Dios. ¿Por qué tenía yo esa distorsión? Dios, usted y yo tenemos un enemigo común llamado Satanás, a quien se le llama “el gobernador de este mundo”, “el príncipe de la potestad del aire”, y “el dios de este mundo”. Él controla los sistemas del mundo e influencia las mentes de aquellos que no pertenecen a Dios. Tiene a miles de millones de ángeles caídos y demonios para llevar a cabo su grandiosa estrategia. El triste hecho es que con demasiada frecuencia la Iglesia ha limitado la principal estrategia de Satanás a ciertas conductas, como tratar de que las personas beban alcohol o vean sucias escenas de sexo en las películas. Él es mucho más astuto que eso, y utiliza una amplia variedad de trampas y desviaciones. Hemos pasado por alto su principal propósito. Porque lo que él más teme es que los cristianos descubran aquello para lo cual Dios los creó: personas extraordinarias con capacidades para realizar estupendas e inusuales hazañas. Esa debería ser la imagen que la sociedad tenga de los cristianos.

 

En contraste con la actual reputación de los cristianos, una de las mayores luchas con la que se encontró la Iglesia primitiva fue la de convencer a la gente de que los creyentes no eran superhéroes ni dioses. Cornelio, un oficial del ejército más poderoso del mundo, se inclinó para adorar a Pedro y a sus acompañantes. Anonadado, Pedro de inmediato respondió: “Levántate, pues yo mismo también soy hombre” (Hechos 10:26).

En una ciudad llamada Listra, la turba, “visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros” (Hechos 14:11). Cuando Pablo estaba en Malta recogiendo leña, una serpiente venenosa le mordió. Él la apartó de una sacudida, y los habitantes anticiparon su muerte, “más habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios” (Hechos 28:6).


Los incrédulos decían de la Iglesia primitiva: “Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá” (Hechos 17:6). Los cristianos eran tenidos en alta estima por su sociedad. Está registrado que la actitud de toda la ciudad de Jerusalén hacia la Iglesia era que “el pueblo los alababa grandemente” (Hechos 5:13). Que en nuestra generación, cada uno de nosotros vivamos de tal manera que recuperemos ese tipo de respeto por la Iglesia.

 

Tomado del libro “Extraordinario” por John Bevere