Esté seguro de lo que cree

Para la iglesia del Nuevo Testamento, una de las batallas más grandes se peleó en el área de la fe, y más específicamente en la esfera doctrinal. Los creyentes primitivos simplemente no tenían los medios de escuchar y recibir sana doctrina, como lo hacemos hoy. Por consiguiente, la batalla por su fe era cada vez mayor.

Jesús ordenó a sus discípulos que llevaran Su Palabra a un mundo espiritualmente depravado y moribundo. Lo hicieron, pero lo que encontraron después de que el Evangelio comenzó a extenderse fue que la oportunidad para el error había aparecido también. Los falsos maestros llegaban rápidamente a donde los apóstoles habían predicado. Estos maestros de doctrinas falsas exigían que las Iglesias primitivas observaran normas y leyes que Dios mismo no exigía.

La tentación del engaño espiritual era grande, y el resultado en muchos casos fue que creyentes espiritualmente inmaduros se “apartaron” de la verdad. El apóstol Pablo atacó a esos “falsos profetas”, y al mismo tiempo retó a la Iglesia primitiva a mantener su mirada puesta en una sola cosa: su fe en Jesucristo.

Dios provee muchos métodos para la propagación del Evangelio. Sin embargo, hay únicamente una interpretación de Su Palabra a la Iglesia, y ésta debe permanecer pura e intacta frente a las enseñanzas de quienes buscan socavar el mensaje de la gracia salvadora de Dios. La doctrina correcta lleva a la vida correcta. El conocimiento correcto de la verdad de Dios lleva siempre a un estilo de vida que agrada a Dios.

Así como los falsos maestros se introducían en las congregaciones de la iglesia del primer siglo, los de hoy tratan de hacer lo mismo. Satanás no ha abandonado su forma de actuar, ni tampoco será convencido de lo contrario. Su deseo sigue siendo siempre desanimar, desarraigar y aniquilar el plan de salvación de Dios para la humanidad. Sigue tratando de destruir la Palabra de Dios, restándole efectividad mediante la introducción del error y de falsas doctrinas. Es por eso que Pedro nos advierte: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”(1 Pedro 5:8). El aprender cómo aferrarse a la verdad de Dios es provechoso y poderoso.

Así como las palabras de Pedro fueron tomadas como una advertencia seria por la Iglesia del Nuevo Testamento, continúan siendo las mismas para nosotros. Para poder proteger nuestras mentes y corazones de los ataques del enemigo, tenemos que estar arraigados y fundados en los preceptos de Dios. De esta manera, cuando se presente el error lo identificaremos de inmediato y lo desecharemos por medio de la oración poniéndolo en sujeción a Cristo, quien expone todo error y toda herejía.

A los creyentes primitivos que protegían sus mentes y corazones con la verdad de Dios, les resultaba más fácil enfrentarse a las falsas doctrinas. Aprendían mucho más rápidamente cómo lidiar con las demandas y presiones de la vida sin ser desanimados ni inquietados por dudas recurrentes. También eran capaces de alentar a otros en la fe.

Usted también puede combatir las dudas, la incredulidad, y el error, si le pide al Señor que le dé la capacidad de discernir Su verdad más allá de las mentiras de Satanás. Los errores de toda clase tienen una misma fuente: Satanás, quien es el enemigo de su alma. Por lo tanto, es sumamente importante que usted esté seguro de lo que cree y lo aplique a su vida.
Jesús utilizó siempre la Palabra de Dios como la base para todo lo que hacía. Combatió las mentiras de Satanás con la verdad de la Palabra de Dios. Él entendió quién era, y cuál era Su misión. Dios quiere revelarle Su verdad. Y a pesar de que Él utiliza la riqueza de conocimientos que ha dado a maestros y pastores, Su mayor deseo es que usted se sumerja en Su Palabra, meditándola, memorizándola y aplicándola a su vida. Su mente será renovada al leer y estudiar la verdad de Dios (Romanos 12:2).

No hay ninguna necesidad de rituales legalistas, sino que es el amor de Cristo lo que le constriñe. Cuando usted ama a alguien, quiere agradar a esa persona. De igual manera, cuando su amor por Dios es grande, ya no necesitará estar sujeto por maneras legalistas. Sólo habrá un deseo de amar y de vivir para Jesucristo.

¿Qué significa para usted la verdad de Dios? ¿Sabe lo que realmente cree? ¿Tiene eso importancia? ¿Termina su conocimiento de Dios en el punto de la salvación?

Que su meta sea llegar a ser más conocedor y más sagaz en el área de la Palabra de Dios, de manera que cuando surjan preguntas que tengan que ver con la moralidad, usted sabrá dar una respuesta porque tendrá la verdad. Esto es lo que hace el estar con Jesús. Ese conocimiento nos cambia y nos da nueva esperanza y penetración en los asuntos que a nosotros nos resultan demasiado difíciles de manejar por nosotros mismos. Esto también afectará nuestra relación con Dios. Nadie sigue siendo el mismo después de haber pasado tiempo a solas con el Señor.